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Vasos de cristal
¿Cuántos vasos de cristal hemos lanzado al suelo? ¿Cuántos hemos destruido sin pensar? arrojamos y arrojamos, luego de formar el desastre no queremos limpiarlo, ya sea por miedo o porque no nos importa. Hay vasos que son más difíciles de dañar, son un poco más fuertes como tal y resisten a varios golpes pero nada en esta vida es indestructibles y si los golpes son muy constantes podrá romperse más rápido, debido a que no esperamos que sanen sus cicatrices, una sobre otra no es nada sano para aquel, debe resistir y lo intenta pero ya sus piezas están esparcidas por todo el piso.
A veces suele pasar, lo vemos llamativo y reluciente, lo tomamos y hacemos posesión del, pasa el tiempo y decides no valorarlo, lo dejas en la orilla, no te importa si llega a caerse o no, no lo usas como antes y decides guardarlo para después. También estarán esos momentos en donde tu presión aumenta y por falta de razonamiento, tomas aquel hermoso vaso que confía en ti y lo golpeas fuertemente pensando que solo se quebrara, que no lo veras en todos lados, lo insultas y al final lo arrojas a la deriva, olvidándote de todo lo bueno que hizo por ti.
Pasa el tiempo y alguien se acerca a todos aquellos pedazos de cristal que se encuentran esparcidos, ve algo especial y con mucho amor y paciencia decide tomar cada uno de ellos y reconstruirlo. Le llama su atención y se enamora de esos quiebres, golpes y cicatrices que quedaron después de la gran caída, se lo lleva y lo coloca en la mejor parte de su casa. Demostrándole a cada antiguo portador del objeto que si es valioso, que si es importante y que es perfecto.
No creo que deba explicar más el texto aunque debo agregar que todos tenemos, tuvimos o tendremos un vaso de cristal en nuestras manos, esa persona especial que cree firmemente en lo que ve ¿Por qué arrojarla a la nada? ¿Por qué hacerle experimentar sentimientos que no quiere? Tomemos todo en cuenta, cada momento compartido con el ¿Por qué lanzar todo a la borda? Dicen; no valoramos lo que tenemos hasta ya perderlo, yo digo; no es que no valoramos lo que tenemos, es solo que no le brindamos importancia hasta el día en que decide abrir la puerta y decir adiós.
Amemos lo que está en nuestras manos, lo que Dios nos dio por una razón, no desperdiciemos el tiempo en peleas, malos gestos o cualquier tipo de cosas que obligue en tu vida a arrojar el vaso. Cuídalo, púlelo, límpialo cada segundo que marque el reloj, porque si no lo hacemos nosotros alguien más lo hará.

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