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Azul de Camelias.

Sentado frente a la puerta, recibí un poco de sol, llevaba varios días confinado a una sola habitación sin ventanas, ni agujeros que lograran pasar un poco de luz, o un poco de aire.

El suelo estaba cubierto de una alfombra de color azul, casi como el color azul del mar, su mesa solo tenía unos tomos de libros que había logrado obtener en el pasar de los años, pero ninguno que no hubiese leído unas 50 veces. De vez en cuando se inventaba una continuación de los mismos y las escribía en los espacios en blanco a los lado de las líneas, solo el entendía el orden de sus líneas pero aun así lo hacía para no perder la costumbre de crear con libertad, cuando un era joven podía pintar, pero ahora con esta edad donde el Parkinson ataca con mucha seguridad, se pierde una posición básica para estar esbelto.

Durante muchos años conservo y cuidaba un gato, aunque nunca supo si era real o no. El gato apareció un día. Y luego murió al par de años, incluso sintió el olor de su muerte. Pero recientemente se ha cuestionado su conciencia o la falta de ella.

Todos los viernes sale a distraerse un poco, comparte con sus compañeros y aunque algunos son muy callados el disfruta de tan singular compañía. Sin embargo puede observar que no todos hablan el mismo idioma.

Tenía un paquete de cartas en su mano, y otro paquete de cigarrillos en el bolsillo de su camisa que hacían la conversación más llevadera.

El mismo no hablaba mucho. Pero con toda la razón aún no se percataba que había perdido el habla con el pasar de los años. Lo último que dijo, se lo dijo a quién amo. Y cuando ella murió decidió que no era necesario seguir hablando después, el fuego que se la llevo a ella. Sigue consumiendo lo queda de humano en su cuerpo.

Sin embargo el seguía colocando flores en la mesa aun lado de su cama. Pero las camelias seguían marchitándose una y otra vez al igual que él.

Un día el lugar se incendia.

La mañana siguiente el busca tomar un café, y escucha la voz de una mujer, era ella, quien ya no estaba, acariciando un gato, su gato.

Lindo gato – dice ella.

Te extrañe. Supongo que este viernes ya no jugare a las cartas con los chicos- dice él.

Ya luego nadie se sentaba a recibir el sol en el pequeño cuarto donde la alfombra era azul.

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