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El Primer Aguacate [Es-En] The First Avocado

El primero que vi aquí en Buenos Aires. Floreado en junio, para agosto no mostraba señales de sus frutos. El viento azota con tal violencia aquí y en los alrededores que lo consideré la causa de que no diera fruto.
El año pasado volvió a suceder. Se llenó de flores y luego nada. Llegué a dudar de que fuera aguacate y se tratara de otra especie. En el reino vegetal hay especies muy parecidas en apariencia, pero distintas en sus frutos y propiedades.
Este año no le presté mucha atención al pasar, pero ayer me pareció que tenía uno.
No estaba seguro, pero le tomé la foto y, al llegar a casa, la fui ampliando.

No es muy nítida, pero no tengo dudas. Se trata del primer aguacate de este árbol en particular.
Solo Dios sabe quién será el afortunado que se lo coma.
Una experiencia para recordar si se está consciente de la primicia que se consume. En mi caso les puedo contar con detalle cómo sucedió.

Cuando construí mi casa, eliminé del terreno dos árboles de mango muy viejos y altos que daban más hojas y moscas que fruta, pero al mudarme, planté otros de diversas especies. Un pequeño bosque en un cuadrado de 16 metros por lado. Entre ellos

Un aguacate de 50 centímetros que me regaló mi amiga María Elena, luego de hacer germinar la semilla de un fruto traído de Cumanacoa de la casa de su hermano. Unos frutos enormes que en ocasiones se acercaban a un kilo de peso y al madurar adquirían un característico color morado en la cáscara, guardando en el interior su pulpa verde y cremosa como la manteca. Deliciosa en ensalada y exquisita untada en una tostada.

Lo sembramos en lo que fuera un hueco de un metro de profundidad que rellenamos con tierra mezclada con hojas secas y compost, dándole un buen sustrato de donde alimentarse, pero creció y creció, superando los cuatro metros. Ya se veía desde el otro lado de la casa y habían pasado 6 años en los que solo dio sombra.
Una inolvidable mañana, mientras tomaba el primer café y daba una vuelta al patio, me tropecé con un enorme aguacate en el suelo. Morado y como de más de un kilo, algo maltratado, pero entero y en su punto.
Tardé un rato en darme cuenta de que tenía en mis manos la primera cosecha. La primera. Un único fruto al que cada año siguieron hasta más de doscientos, solo que de un tamaño un poco menor, aunque siempre por encima del medio kilo.

Una bendición que continúa repitiéndose cada año a pesar de una pausa de tres años en que, por un ataque de comején, podamos el árbol severamente ante el riesgo de que nos cayera sobre la casa.
Por suerte no sucedió y, aunque quedó como un poste, le volvieron a salir ramas. No son tan abundantes las cosechas, pero cada año llegan los frutos tan ricos como siempre, haciendo las delicias de quienes tienen la fortuna de probarlos.

Otra crónica de mi experiencia personal que, como siempre, escribo en español, mi lengua materna, y les comparto a continuación en inglés mediante el traductor de Google.
Las fotos son todas mías y, salvo las primeras, las demás se encuentran en mis publicaciones de redes sociales.
Gracias por su lectura.
The First Avocado

The first one I saw here in Buenos Aires. It was in bloom in June, but by August it showed no signs of fruit. The wind blows so fiercely here and in the surrounding area that I assumed it was the reason it didn't bear fruit.
Last year it happened again. It was covered in flowers and then nothing. I even started to doubt it was an avocado tree and thought it might be another species. In the plant kingdom, there are species that look very similar but have different fruits and properties.
This year I didn't pay much attention to it as I passed by, but yesterday it seemed to me that it had one.
I wasn't sure, but I took a picture and, when I got home, I enlarged it.

It's not very clear, but I have no doubt. This is the first avocado from this particular tree.
Only God knows who will be lucky enough to eat it.
An experience to remember if you're aware of the first fruit you're consuming. In my case, I can tell you in detail how it happened.

When I built my house, I removed two very old and tall mango trees from the property that produced more leaves and flies than fruit, but when I moved in, I planted others of various species. A small forest in a 16-meter square. Among them

A 50-centimeter avocado that my friend María Elena gave me, after she germinated the seed of a fruit brought from her brother's house in Cumanacoa. These enormous fruits sometimes weighed close to a kilo and, when ripe, acquired a characteristic purple color on the skin, holding inside a creamy, green pulp like butter. Delicious in salads and exquisite spread on toast.

We planted it in what was a one-meter-deep hole, which we filled with soil mixed with dry leaves and compost, giving it a good substrate to feed on. But it grew and grew, reaching over four meters in height. It could already be seen from the other side of the house, and six years had passed during which it only provided shade.
One unforgettable morning, while having my first coffee and taking a stroll around the patio, I stumbled upon an enormous avocado on the ground. Purple and weighing over a kilo, a little bruised, but whole and perfectly ripe.
It took me a while to realize that I held in my hands the first harvest. The very first. A single fruit that was followed each year by more than two hundred, only slightly smaller, though always over half a kilo.

A blessing that continues to repeat itself every year despite a three-year hiatus when, due to a termite infestation, we severely pruned the tree for fear it would fall on our house. Luckily, it didn't, and although it was left like a post, branches grew back. The harvests aren't as abundant, but every year the fruit arrives, as delicious as ever, delighting those fortunate enough to taste it.

Another account of my personal experience, which, as always, I write in Spanish, my native language, and share below in English using Google Translate.
All the photos are mine, and except for the first few, the rest can be found in my social media posts.
Thank you for reading.
Replies (12)
@felixmarranz, leí tu post y me quedé pensando un buen rato después. En una plataforma donde sobra lo superficial, esto se destaca un montón. Me sumo a los que valoran lo que hiciste acá, seguí dándole.
Gracias por comentar tu amable apreciación, @cyclope.
Se agradece y valora. Espero que, si alguna vez disientes, también lo compartas.
Que tengas un muy feliz día.
Fantastic job on today's Ecency leaderboard quest, @felixmarranz! A fascinating observation on the mysteries of nature and the resilience of trees.
Tipped with Ecency POINTS.
We have avocado trees in our backyard, too.. and there are termites just like yours.. there's nothing on the mangoes, coconut, grapefruit, and other fruit trees...
Sending you some Ecency points. Please check your wallet.
En casa tengo una que jugaba con mis sentimientos y ante mi amargura, lo corte... deje un tallo de 1 metro aproximadamente, procrastinando arrancarlo, cuando tenga tiempo. Por cosas de la vida, me olvide y la susodicha volvió a sacar ramas, enterneciendo mi corazón. Tiene una altura de casi 3 metros y por ahora, no da señal de frutas.
Seguiré esperando, tal cual novia a su principe azul... (no sé porque pense en @mamaemigrante 😁)
Saludos Félix-.
Jajaja... yo no pienso en príncipes y mucho menos azules, no me gustan los pitufos ni tampoco hombres con hipotermia.
Me hiciste recordar historias de un terreno que cuidaba una de mis tías, que tenía también mangos y aguacates, que recogíamos para comer mientras estábamos allá de vacaciones, también había tamarindo chino y ella cultivaba sus propias plantitas para condimentar en un pequeño matero.
Cuando llegan esas primeras cosechas, la alegría es indescriptible, en mi caso sucedió con las plantas de plátano y lechoza que llegué a sembrar en mi casita propia.
¡Hombre de poca paciencia!
Los tomates y berenjenas dan fruto en dos o tres meses, pero las palmeras datileras dicen que veinte años. Las mismas uvas no son buenas para hacer vino, sino cuando tienen cierta edad.
Me confunde que siga aquí cuando esta colmena se consume y tantos fundieron las billeteras. Por otro lado, tres metros no son muchos para un aguacate. El de la foto va por el sexto piso y el que vive en mi casa pasa los 8 metros.
Espere y vea cómo resuelve las consecuencias de este comentario con @mamaemigrante. Tampoco estaba tan fea la camisa de marinero que le regaló en su cumpleaños.
Saludos, @palabras1.
👀
Aquí cae como anillo al dedo aquella canción de la Lola Flores: Me casé con un enano...
Pa jartarme de reír.
Le puse la cama en alto.
Ole, salerito, y ole.
Le puse la cama en alto, salerito.
Y no se podía subir...
😀
https://www.youtube.com/watch?v=JvzZsSjFolE
Saludos.
Tal cual. En casa cultivamos un poco de todo: berenjenas, lechosas, maíz, cambur, plátano y topocho, aguacate, pomalaca, moringa, parchita y muchas plantas medicinales, incluida la sábila en cantidad. Alguna se me olvida.
Además, aprovechamos una de Ponsigue que nos dio para hacer ron en cantidad. El mejor año preparamos 40 cajas, pero solo se vendió la mitad ese año. Las últimas botellas me las tomé antes de venir a Buenos Aires, aunque puede que quede alguna en un bodegón de la avenida perimetral.
Buenas tardes mi estimado amigo @felixmarranz. Durante unos diez años estuve bajando al mercado de frutas de Madrid a comprar fruta y verdura para después venderla. Recuerdo los primeros aguacates que vi, creo que llegaban de México, pero nunca he visto uno de medio kilo...
Una bonita historia de paciencia, de autonomía y de agradecimento, que me gustó. Gracias.
Feliz fin de semana.
Good afternoon, my dear friend @felixmarranz. For about ten years, I went down to the Madrid fruit market to buy fruit and vegetables to resell. I remember the first avocados I saw; I think they came from Mexico, but I've never seen one that weighed half a kilo...
A lovely story of patience, self-sufficiency, and gratitude, which I enjoyed. Thank you.
Have a wonderful weekend.
Posiblemente el mismo al que iba mi tío; no estoy seguro si en Legazpi para surtir su frutería de la calle Ave María. Solo recuerdo que ya pasaban de las 8 y entramos burlando la vigilancia de la puerta que a esa hora continuaba abierta para que salieran los comerciantes.
No son frecuentes los aguacates tan grandes, salvo esta variedad de cáscara morada cuando están maduros y los injertados, pero esos son más bien desabridos. En casa los cosechamos casi siempre con más de 700 gramos y en ocasiones alguno de un kilo y pico. Pero de un sabor excepcional que gustaba a todos.
Buenas tardes, estimado amigo, @enraizar.
También hoy me perdí entre los recuerdos. Un abrazo fuerte.